Pero es la fiebre, seguro. Aunque no tengo termómetro sé que ha de ser por eso. O por la mucosidad que invade mi cabeza entera. Y por la perspectiva de que en una semana termina mi trabajo. Y por si esta incierta profesión mía me permitirá vivir el resto de mi vida. Y el qué haré si no. Y los miedos que quedaron atrás y que reaparecen ligados a las cosas que quieres. Ese ataque de pánico instantáneo que me ruboriza y paraliza y acelera el corazón. Las viejas reflexiones para calmarlo. Y las fuerzas que han desaparecido en quince días, cundo me di cuenta de que no había ganado la guerra, es que me había alejado lo suficiente para no oírla. Ahora que sé que no ha desaparecido, vuelve el miedo al día a día. Pero sí que he ganado mi pequeña batalla particular. Aunque dado este paso, el resto me aterra igual.
Pero es la fiebre, que seguro que tengo, la que hace disminuir las defensas para que me sienta así. Otra vez pequeña. Es una pena que estas páginas se pierdan los momentos viceversa.
Por una vez voy a hacerme caso. Contra las depresiones que te atrapan, de repente, una tarde cualquiera, sírvase una ración de Uni and Her Ukelele.
(Colgaría el link a “Tell me that my world is pink, not blue” pero no lo he encontrado y la versión que yo tengo está protegida y no la puedo subir a goear y no tengo fuerzas para ejercer de pirata informático ahora mismo... Así que voy a por un caldito para cenar...)
